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Carta de una pollita ¡emputada!

Me cae que esas son mamadas ¡eso no se hace! aunque sí, claro, se podría hacer si el objetivo es chingar al prójimo.

Después de pasada la fecha del cumpleaños de mi admirador, a la jefa se le ocurre una semana después que siempre sí hay que celebrarle con un pastel. Realmente me sorprendió su propuesta para la cooperacha del mismo, porque creímos el admirador y yo, que no se habían acordado y que realmente no les importaba; aunque la verdad sí me enojó tal actitud, porque a otro compañero del trabajo bien que lo festejamos el mes pasado.

Cabe resaltar (con marcador de "chíngame-la-pupila") QUE NUNCA LE PEDIMOS A LA JEFA, JAMÁS LE ROGAMOS, JAMÁS LE CHILLAMOS, LE IMPLORAMOS, LE SUGERIMOS, ALGÚN QUE HICIÉRAMOS LA COOPERACIÓN PARA COMPRARLE UN PASTEL A MI ADMIRADOR ¡NUNCAAAAA! NUNCA pusimos cara y sonrisa de mensos y nos plantamos tímidamente frente a ella para susurrarle siquiera que pues ya era hora de celebrarle al compañero. Pensamos: si no les importa, pues total, no hay pex, no pasa nada.

Pues resulta que pasada una semana, y después de la trágica noticia que me comunicó el admirador días antes, a la jefa linda con cara de que no mataría una sola mosca (aunque ahora sé que sería capaz de matar un enjambre) se le ocurre pasarme un papel con la siguiente nota:

"Sí cooperas para el pastel de (mi admirador)"

Yo me quedé perpleja, porque sinceramente ya hasta se me había olvidado. Aunque yo, de buena fe, y sin un gramo de malicia o molestia, fui a decirle que sí; es más, hasta me ofrecí para ir a comprarlo, porque he de decir que yo soy su más cercana AMIGAAAAA.

Bueno, a final de cuentas, Luis (otro amigo) me acompañó por el pastel, aunque regresando, comenzaron con sus jaladas: mi compu estaba ocupada por otra, y no partimos el pastel hasta que la Boa terminara su trabajo. Neta, si no quería pastel, lo hubiera dicho, y santo remedio, nosotros felices de la vida a atascarnos una porción extra de pastel, que he de admitirlo, estaba jugoso jugoso y sabrosón.

Bueno, hasta que se le hinchó la gana a la Boa, fuimos a comer pastel. Terminamos felices y con medio kilo más gordos y regresamos a trabajar. Yo en ese momento pensé: creo que debemos hacer cuentas del pastel, porque no vaya a pensar la jefa que me quedé con el cambio... ¡si hasta puse de mi bolsa! pero eso no importa, porque es mi AMIGOOO.

Busqué desesperadamente en todas las bolsas de mi pantalón el ticket pero no lo encontré. Pensé ¡diablos! ¿donde lo habré dejado? llegué a la conclusión de que lo había perdido.

En uno de esos momentos de ocio, se me ocurrió voltear el papel donde la jefa me había escrito la petición de la cooperacha... comencé a leer aquellas letras azules... me quedé PERPLEJA... muda, sin qué pensar... me dio coraje... me dieron ganas de arrancar greñas... me dieron ganas después de decir mil cosas... Me paré corriendo a donde estaba mi admirador y le enseñé el papel... Volteó a verme con unos ojos de sorpresa y me jaló afuera, lejos de las miradas de ellos. Cuando pudimos leer bien, el papelito decía:

-Psss, ni pastel se merece el menso de aquí al lado...

-Es cierto, ya ni me acordaba, déjame decirles a los demás, pero seguramente quien estará feliz de cooperar, será (yo)

-Psss que ella se lo compre, jajajaja.

Y bueeeno, más cosas venían escritas, pero todas las piedras iban dirigidas a mi, y hasta a la jefa de la jefa le tocó... ¡Lo sabía! Sabía que esa pinche Boa me odiaba... porque como soy una pollita tierna, me ve antojable y me quiere engullir, porque esa vieja ni mastica.

Ahhh, qué poca madre!! Neta si no querían cooperar para el pastel, ¡pues no se compra y ya! ¿Quién chingados les rogó, les dijo, les reclamó? PINCHES HIPÓCRITAS, CULERAS.
Seguramente mi admirador iba a estar chillando por los rincones de su casa al estilo lloronesco: ¡Ayyyy mi pasteeeeel! Y moqueando día y noche porque no le festejaron su cumpleaños en el trabajo.

Y ahora me digo: ¡mensa! ¿por qué no lo leí antes? ¿por qué? ¿por qué? Si me hubiese enterado antes, les hubiera aventado su pinche dinero en la jeta y YO solita se lo hubiera comprado...
Y aparte, qué chingados les importa si soy o no la principal interesada en cooperar. Lo que pasa es que se fijan en todo pinches metiches ¡Cómprense una vida y dejen de estar chingando! Qué diablos les importa si el admirador y yo somos algo, si nos fajamos, si nos manoseamos, si nos... ¡quéee, quéee les importaaaa! Se me hace que están celosas de que toda su atención vaya dirigida a mi... pinches frustadas. No es mi culpa si no las tratan bien sus novios, si están amargadas y no pasa nada interesante en sus vidas. Hasta pendeja fue la jefa, que no se acordaba de la conversación que había escrito atrás... De la Boa estaba segura de que me odiaba, ¿Pero la jefa que le entre también? Jamás, jamás se me ocurrió de ella, hasta bien me caía. Sus pinches conversaciones de niñas de secundaria; ya están bien huevudas, talegonas ¿Y todavía haciendo esas mamadas?

Y a todo esto, se preguntarán ¿Y qué hice al respecto? Naaaada. Pensé mil formas de desquitarme:

a) Aventarle su pinche dinero, y decirles que qué poca madre.
b) Muy respetuosamente regresarle su papelito a la jefa con la conversación a la vista.
c) Leer en voz alta el papelito frente a todos. Para que vean quiénes son las venenosas e hipócritas.

Esas fueron las principales opciones, pero he de admitir que podría echarme a los alacranes encima y me picarían sin piedad, pero sí quería regresarles su cochino dinero.

Pero eso sí, ya tengo forma de desquitarme, y lo haré cuando menos se lo esperan. Cuando creen que un pollito es menso, noble e indefenso, las sorprenderé con unos buenos picotazos.

Pero... Me cae que esas son mamadas ¡eso no se hace!





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